Los ancianos caminan cada vez más encorvados, porque la tumba los llama poco a poco. Cuando la tierra los imanta con mayor intensidad y ya no les es posible encorvarse un milímetro más, pierden la vida. Martín tenía conocimiento de esto, pero no sabía con certeza qué es lo que hay detrás de la muerte, por ello planeaba averiguarlo. ¿Cómo? La única manera era suicidándose, sin embargo, alguna vez escuchó que no alcanzan el Reino de Dios los que pierden la vida por su propia mano.
Claro -dijo- no alcanzan el paraíso aquellos que mueren por su propia mano, pero nadie dice nada de los que se matan con su propia espalda. Tras decir esto, decidió que, a partir de ese instante, caminaría encorvado para engañar a la tumba, a la tierra y a la muerte. Pensaba que al caminar de esa manera, sería viejo antes de tiempo. En efecto, poco después de andar agachado, su cuerpo creyó que la tumba estaba llamándolo y empezó a formar dunas en su rostro, a enviar terremotos a sus manos y a ponerle relámpagos en las sienes. La vista se le deterioró tanto, que debía usar lentes al dormir para ver los sueños con claridad.
Tenía veinticinco años y el cuerpo de una momia; eso no le importaba. Su deseo era descubrir qué hay detrás de la muerte, y estaba a punto de hacerlo... Dos meses habían pasado desde tomada la decisión, cuando se encavernó su mirada para siempre. ¡Por fin estaba frente a frente con el misterio más grande del mundo!..., pero no tuvo palabras para decir nada, porque de inmediato se vio convertido en un cometa que, de forma inminente, se estrellaría contra la luna.
Fecha: 2018
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| Pablo Bejarano en 2018. |

