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Persecución

César apareció cuando el sol derramaba sangre sobre el cielo, y con un pedazo de nube entre los brazos que destilaba hilos crepusculares. No entendía cómo alguien había podido hacerle eso a su pequeña. Dio un grito que se hundió en las profundidades del celaje y juró venganza...


Días atrás, a la salida de la escuela, su hija había desaparecido. Nadie entendía quién ni cómo la había tomado entre tantas personas. La buscaron durante horas que se alargaban como nubes apuñaladas por el viento, pero todo fue inútil. Después de seis noches, encontraron el cuerpo embalsamado de rosas líquidas en el fondo de un barranco de garganta boscosa. César no quiso llamar a las autoridades; tomó el cadáver entre las manos y apareció, junto al sol, en la puerta de su casa… Ahí le dio cristiana sepultura.


Inició por su cuenta las averiguaciones para dar con el abusador y asesino de su hija, luego contrató un detective, que dos años después, dio con el culpable. Arrancó su sombra del suelo y la echó tras los pasos del violador para no perderle el rastro. Una noche que lo seguía oculto desde la sombra, salió de ella con el puñal en la mano y le esbozó niágaras rojos en las mejillas y en el pecho. Cuando cayó al suelo, de sus nubes empuñadas bajaron relámpagos asesinos directo al rostro de quien había robado la vida a su hija.


El día que asesinó al asesino, fue visto por los cómplices del hombre infame desde la ventana más alta de un edificio aledaño. Descendieron de prisa para vengar la muerte de su compañero, pero al llegar a la calle, César ya no estaba. Únicamente vieron el cadáver. Como él, frente al cuerpo inhabitado de su hija, estos juraron matarlo. Si bien desde lo alto no habían logrado divisarle el rostro, lo vieron grabado en las pupilas abiertas del muerto, e iniciaron con la persecución…


Se hacían sombra para perseguirlo en la calle, agua para acecharlo en la ducha, ilusión para atacarlo en los sueños. Siempre encontraban la manera de andar tras él. Como los cuarenta y siete Ronín no pensaban desistir en la tentativa de matarlo. Cesar se percató de esto y no tuvo otra opción que huir…


Iban veinte pueblos recorridos por César en busca de paz, pero cuando había logrado establecerse, hacer amistades, encontrar una forma de sobrevivir, cuando iba a encontrar tranquilidad… empezaban los rumores de que en las tabernas preguntaban por un hombre con sus características, y nuevamente debía huir. Un día, al sentirse perdido, recordó que existía la fe y en ese momento se creyó capaz de mover cordilleras, continentes, planetas… En el siguiente pueblo al que llegó, buscó el templo, pasó adelante, se hincó frente al altar mayor y le dijo a Dios que lo ayudara a salvar su vida, que si bien él había despojado de la suya a un hombre, fue por lo sucedido con su pequeña, pero que él no era malo, que no merecía morir por hacer justicia…


Después de las plegarias, creyó que podría vivir en paz, porque pasó dos meses sin saber de los persecutores, sin embargo, no fue así. Volvieron a localizarlo y tuvo que escapar. Esta vez, la suerte fue poca, porque empezaron a seguirlo de cerca. En la desesperación, se olvidó nuevamente de la fe y de buscar otro pueblo. Se adentró en el bosque casi escuchando en la espalda los pasos enemigos; corrió intentando no ser atrapado por los brazos verdes que salían a la brecha, pero las esperanzas de sobrevivir se ahogaron al ver frente a él un río tan ancho como el mismo cielo. De frente tenía el río y a la espalda el ruido cada vez más fuerte de los pasos que se aproximaban. Se dio por muerto, y como aquellos que agonizan, empezó a ver toda la vida pasando frente a sus ojos: desde el día que nació hasta el actual. Vio sus primeros pasos, el primer día de escuela, el primer beso, y de repente, esa secuencia tropezó con una tarde de Viernes Santo en que su padre le dijo: “Cuidadito te bañás hoy, porque los que se bañan en Viernes Santo se convierten en peces”. Tropezó ahí su mente y volvió a la realidad, porque justo ese día estaban conmemorando la muerte de Jesús. No lo dudó; los pasos cada vez se escuchaban más cercanos y no tenía otra opción: se quitó la ropa y se adentró en el río para bañarse… Cuando llegaron los asesinos, ya iba corriente abajo convertido en un pez de agua dulce. 


Fecha: 03/12/2018

Premio: Segundo Lugar en los Juegos Florales de Totonicapán, 2022.

Pablo Bejarano en 2022.
Gala de premiación, Juegos Florales de Totonicapán.
Teatro Municipal de Totonicapán. 


Peter King y Franz Quiacú

   —Efectivamente. Esta es la oportunidad de llevar a cabo nuestros planes.

   —Pero si descubren que pretendemos huir, nos matarán, ¡nos matarán!

   —De todas formas moriremos si nos quedamos. La guerra está por estallar, y sabes bien que basta una bomba para que el planeta desaparezca...


Peter King y Franz Quiacú eran dos científicos que la potencia mundial había secuestrado para que ayudaran con el desarrollo de tecnología nuclear; por lo mismo, estaban conscientes que de darse la conflagración, estallaría el planeta con ella. Las armas que habían inventado eran incomparables, capaces de acabar con cualquier nación de un solo golpe, pero aunque eran los mejores en tecnología bélica, nunca se apasionaron por ella. Aquello era la prioridad de los poderosos; la suya en cambio, era irse a un planeta que se localizaba a 2100 años luz del suyo y armados del telescopio más potente que nunca había existido, capaz de enfocar, a distancias inimaginables, la faz de los astros.


Antes de que los secuestraran, habían pasado años estudiando el universo, para encontrar un planeta justamente a 2100 años luz de distancia, en una posición en que la Tierra se apreciara sin que ningún astro la obstruyera, y además, con las condiciones para sobrevivir. A simple vista, parecía algo imposible, pero después de mucho lo encontraron. El hallazgo trajo para ellos gran alegría. Con el planeta localizado, enfrentaron el problema más grave: buscar la manera de llegar a él. Pensaron en desarrollar velocidad supersónica o viajar a través de un agujero de gusano; al final, se decidieron por la tele-transportación. Se creían capaces de crear una nave que se tele-transportara hasta aquel planeta. Después de tres años la tenían. Ahora solo les faltaba la pieza fundamental para el descubrimiento que planeaban hacer: un telescopio que pudiera enfocar, a distancias inimaginables, la faz de los astros. En fabricarlo se gastaron otros tres años. Cuando lo tuvieron todo listo, planearon el día para marcharse y hacer el descubrimiento más grande de la historia, la prueba que por siglos el mundo le había exigido a la ciencia; pero por esos días la potencia mundial se enteró de su inteligencia y mandó por ellos. Lograron saber que iban a raptarlos con el tiempo suficiente para esconder la nave y el telescopio, pero no para huir, y fue así como cayeron durante cuatro años en la fabricación de armas nucleares...


Las relaciones entre las potencias mundiales no andaban nada bien, mejor dicho, la guerra entre ambas era inminente, y Peter King y Franz Quiacú temían por su vida. Ellos no estaban incluidos en el grupo de hombres que el gobierno pensaba enviar al espacio para ser salvados, en el caso de que la guerra fuera desventajosa. Sabían que, peligrando su vida, peligraba el descubrimiento más grande de los últimos tiempos...


   —Efectivamente. Esta es la oportunidad de llevar a cabo nuestros planes.

   —Pero si descubren que pretendemos huir, nos matarán, ¡nos matarán!

   —De todas formas moriremos si nos quedamos. La guerra está por estallar, y sabes bien que basta una bomba para que el planeta desaparezca.

Así platicaban calladamente en el laboratorio cuando, de súbito, tijereteó el silencio la voz de alguien que abrió la puerta al grito de "la guerra ha empezado". El que les dijo esto, se fue haciendo pequeño mientras lo repetía como quien anuncia el fin del mundo. Peter King y Franz Quiacú al ver la puerta abierta y sin custodios, salieron desbocados, y tras robar un automóvil, fueron a su antiguo laboratorio. Antes de entrar, vieron el cielo ya poblado de aviones bélicos. Era una visión apocalíptica. Entraron a desempolvar la nave, a alistar el telescopio y la expedición. Tras el despegue cruzaron el cielo junto los aviones de guerra, para luego salir de la atmósfera vertiginosamente. Estando fuera, programaron la nave para llevar a cabo la tele-transportación y antes de marcharse, vieron cómo la tierra empezaba a vestirse de sol. Con lágrimas en el rostro se hicieron invisibles...


Al llegar al planeta bajaron de la nave y vieron todo a su alrededor: era un paisaje hostil, nada comparado con el verdor inextinguible del planeta Tierra, con la geometría de los volcanes y el baile de lentejuelas en el mar y los lagos al atardecer. Desde el primer momento extrañaron su planeta, pues presentían que para ese instante era polvo cósmico. Rondaron el lugar y tras algunos días, sabiendo que ya era el momento, localizaron el punto y el momento exactos para captar las imágenes que precisaban de la Tierra. Instalaron todo y empezaron a trabajar en el descubrimiento...


Cuando ellos partieron de la Tierra, transcurría el año 2133, y el planeta al que habían llegado, estaba a 2100 años luz de distancia, lo que quería decir que si su telescopio era capaz de captar lo que había sucedido en la Tierra hace 2100 años, tomarían imágenes del año 33; y que si el telescopio era realmente tan potente como presumían, podría revelar cómo era la vida en aquel entonces por medio de imágenes claras de construcciones y personas...


Enfocaron el telescopio en dirección del planeta tierra, acercaron la imagen y -oh maravilla- en la pantalla empezaron a reproducirse imágenes antiguas del planeta. Entre otras cosas, pudieron observar el imperio maya en pleno esplendor y varios volcanes, que a su partida eran extintos, en actividad, pero aunque aquellas visiones eran alucinantes, no era eso lo que les interesaba, porque era obvio que los mayas habían existido y que aquellos volcanes alguna vez habían hecho erupción; su interés era probar lo que, hasta ese entonces, había sido imposible.


Sin esperar más dirigieron el telescopio a un lugar específico, a uno que había sido nombrado en muchas escrituras antiguas, porque ellos sabían que en ese paraje se había partido la historia, lo dirigieron al Monte Calvario: no esperaron mucho, en la pantalla, empezó a verse una aglomeración de personas que observaba un desfile tétrico encabezado por romanos, escoltas de tres hombres condenados a muerte. Uno de ellos, el de aspecto divino, cayó tres veces. Subieron al monte y los crucificaron. Al que estaba en medio no les bastó con atarlo, sino que lo clavaron y lo vejaron. Luego, al levantar las cruces, pasaron tres horas para que muriera el crucificado central. Fue cerrando sus ojos y abriéndose las venas luminosas del cielo para parpadear mientras la tierra danzaba. Los romanos y las demás personas huyeron y entre aquella debacle que se reflejaba en la pantalla del telescopio y que dejaba ver la furia de Dios por la muerte de su hijo, aún podía leerse en la parte superior de la cruz una leyenda que decía "Jesús Nazareno, rey de los judíos". 


Peter king y Franz Quiacú, se vieron con los ojos asombrados mientras sonreían. Habían conseguido, después de tantos años y de tanto esfuerzo, pruebas irrefutables de la existencia de Jesús, de su divinidad, de la furia de su padre, pero pronto la sonrisa se desvaneció porque recordaron que ya no existía el planeta Tierra y que no había a quién presentarle las pruebas, y porque la imagen de Jesús a cada segundo daba 300,000 pasos por las veredas del universo.


Fecha: 2018

Pablo Bejarano en 2017.
Programa radial Versos Bohemios. 
En la fotografía Luis Ajuchán y Juan Garzaro.


El suicida

Los ancianos caminan cada vez más encorvados, porque la tumba los llama poco a poco. Cuando la tierra los imanta con mayor intensidad y ya n...